El perro era peludo, de un canela hermosísimo. Y casi no ladraba, sólo cuando se le cruzaba algún lagarto por detrás de alguna mata o soñaba con patos mirando piedras por entre zarzas y pozas a lo loco. Y a todo se llegaba por el olfato suyo el perro aquel, por el olfato jiempre, más que por el hablar o el conocer o los demás sentidos desos. Pero esto es otra historia. La de ahora mismo es esta: Quel Deivi se ha pasado esta mañana por la de Monachil oh Biblioteca pa ver si reencontraba una foto que recordó de quando por allín currando estuvo con un trabajo suyo de geólogo y que se ha encontrado a igual e igual de hermosa bibliotecaria, pero no esa tal foto que buscaba. Aunque ha encontrado otras. Entre ellas esta que yo aquí sus pongo ---por lo de quel scanner está aquí--- de parte del David. Son elaín! los mismos Cahorricos dahora perontonces, zín. Pos hala! Y buenas noches.

Curiosa fotografía del paraje de Los Cahorros de Monachil tomada el mismo día de octubre y viernes que quebraba en Nueva York la Bolsa de Wall Street y tol copón. Obsérvense la placidez habitual y el puente de entonces.
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